¿Por qué es tan difícil llevarse bien?

Por la gracia que se me ha dado, digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado." ~Romanos 12:3

Las relaciones son difíciles. Aquellas cosas que inicialmente nos atraen el uno al otro, muchas veces se convierten en motivos de conflicto. Se transforman en aspectos que nos irritan o nos incomodan. ¿Cómo podemos dejar de discutir siempre sobre lo mismo? ¿Por qué ciertas actitudes de nuestro o nuestra cónyuge, padre, madre, hijo, hija, amigo o amiga nos hacen perder la paciencia? La lectura de hoy me ofrece una clave valiosa sobre cuál puede ser el problema.

Reconocer que solo sabemos ciertas cosas porque Dios nos ha dado entendimiento, hace más fácil no juzgar a quienes piensan de manera diferente o no saben lo que nosotros sabemos. Qué experiencia tan humillante es darnos cuenta de que todo lo que se, cada palabra que pronuncio, cada idea que tengo, cada creencia que defiendo, cada argumento que presento… es una conciencia que me ha sido dada por Dios. No significa que no pueda estar equivocada; puedo malinterpretar, no tener todos los datos o no comprender completamente. Pero aquellas cosas que considero “inteligentes” en mí, esas cosas… son un regalo. ESA realización puede marcar una gran diferencia en la manera en que me veo a mí misma y a los demás.

Ahora bien, creo que la mayoría de ustedes que están leyendo esto estarían de acuerdo al cien por ciento. Yo también, por supuesto. Pero, ¿qué sucede cuando nos enfrentamos a alguien que piensa diferente? ¿Alguien que nos reta o discute con nosotros? ¿Lo recordamos? ¿Recordamos que esa persona también tiene derecho a su opinión? ¿Que sabe cosas que nosotros no sabemos? ¿Somos capaces de respetar su punto de vista sin menospreciarlo?

Y aquí es donde la situación se vuelve aún más compleja. Cuando se trata de la fe, solemos pensar que nuestra doctrina es la correcta. ¡Por supuesto! Si pensaramos que estábamos equivocados,cambiaríamos nuestra doctrina. Pero, ¿acaso no es cierto que si los caminos de Dios son más altos que los nuestros, si Él es verdaderamente Dios, entonces no hay forma de que podamos tener el 100% de certeza en nuestra interpretación de quién es Él? ¿Y que, aunque hayamos sido enseñados de cierta manera toda la vida o hayamos interpretado la Biblia de una forma particular, eso no garantiza que estemos en lo correcto?

La fe es un terreno difícil para practicar la humildad. La mayoría de nosotros tenemos opiniones muy firmes sobre lo que está bien y lo que está mal, y todos usamos el mismo libro para justificarlo. He observado esto durante mucho tiempo. Incluso frente a situaciones que creo que son claramente erróneas, he visto a cristianos actuar con mucha dureza en su afán de demostrar que tienen razón. ¿Puedo proponer otra manera?

Cuando se trata de relaciones, ¿qué pasaría si no importara tanto lo que uno cree, sino cómo vive? ¿Y que si la bondad, no el juicio, fuera la verdadera evidencia del fruto del Espíritu? ¿Y si fueran nuestras acciones y nuestras palabras las que demostrarán si realmente hemos comprendido el mensaje? Tal vez deberíamos medirnos en función de cuánto hemos crecido, y no en comparación con los demás. Tal vez podamos escuchar el punto de vista de otra persona porque la amamos y respetamos, no necesariamente porque estemos de acuerdo con ella. Y porque confiamos en un Dios que nos ha dado entendimiento en algunas cosas sin que lo mereciéramos, también podemos confiar en que no tenemos que controlar las cosas —y mucho menos a las personas. Tal vez podamos escuchar el punto de vista de otra persona porque la amamos y respetamos, no necesariamente porque estemos de acuerdo con ella. Y porque confiamos en un Dios que nos ha dado entendimiento en algunas cosas sin que lo mereciéramos, también podemos confiar en que no tenemos que controlar las cosas —y mucho menos a las personas.Podemos compartir lo que creemos, pero pienso que es en la forma en que lo compartimos y en cómo vivimos, donde podemos tener el mayor impacto e influencia en este mundo. Así que sí, podemos —y debemos— decir lo que creemos, pero sin pensar más alto de nosotros mismos de lo que deberíamos, recordando que todo lo bueno que hay en nosotros es, en última instancia, un regalo.

Español de México