Ayudar a nuestros hijos a distinguir entre hechos y opiniones

Cuando nuestros seis hijos eran pequeños, leía mucho sobre la crianza de los hijos. Como la mayoría de los padres, estaba desesperada por hacerlo bien. Hubieron algunas cosas que funcionaron, otras que no y otras que definitivamente no haría ahora. Una de mis favoritas fue ayudarlos a usar un lenguaje que les diera la libertad de expresar su opinión en lugar de declarar algo como un hecho. Por ejemplo, decir "No me gusta esa película" en lugar de "esa película es horrible". O "No me gusta la pasta" en lugar de "La pasta es la peor". Puede parecer sin importancia, pero en realidad es significativo para la persona que escucha a quien si le gustó la película o a quien si le encanta la pasta. Dar una opinión como un hecho puede crear aislamiento para la persona que no está de acuerdo con la afirmación, así como darle al hablante un sentido de superioridad moral: no me gusta la pasta, por lo tanto la pasta no es buena.

Ahora que nuestros hijos son adultos, puedo ver el resultado de vez en cuando. De hecho, escuché a mi hijo contárselo a su hija el otro día. "Quieres decir que no te gusta". cuando ella dijo que algo no estaba bien.

Por supuesto que los hechos existen. Pero en un mundo donde cada opinión se da como un hecho, o donde la gente habla como si fueran expertos, es importante ayudar a nuestros hijos a recordar que una opinión, ya sea propia o de otra persona, es sólo eso. Por lo tanto, otros también son libres de expresar su opinión, que puede no coincidir con la nuestra. ¡Qué gran oportunidad para aprender unos de otros! Que gran oportunidad de crecer. Y qué gran herramienta tener para recordar que su opinión es tan válida como la de otra persona, sin importar cuán fervientemente la otra persona haya expresado la suya.

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