Durante una de mis caminatas esta semana, observé un pato cruzando mi camino. En ese instante se me ocurrió lo raro que es ver a un pato solo. Generalmente se ven en grupo o al menos en pareja, por lo cual me resultó interesante esta escena. Me hizo pensar en la importancia de no caminar solos por la vida.
Ya sean amigos, padres, hermanos o parejas, es vital tener personas alrededor con quienes podamos compartir nuestro camino.En mi caso, quizás lo doy por sentado con mi esposo, Arturo. Compartimos tantas actividades juntos que los momentos a solas se vuelven especialmente valiosos para ambos, sabiendo siempre que podemos regresar a la compañía mutua. Sin embargo, para aquellas personas que no tienen un acceso tan sencillo a esta clase de compañía, es fundamental tomar la iniciativa de buscar a otros, ser intencionales en encontrar personas con quienes compartir la vida.
Incluso Arturo y yo tenemos momentos en los que invitamos a personas a nuestra casa, tomamos un café con alguna amistad o compartimos tiempo con nuestra familia inmediata y extendida.
Este tipo de relaciones requieren ser cultivadas, pero también ofrecen la oportunidad de caminar juntos por la vida, aprender unos de otros, disfrutar de la compañía mutua y estar presentes en tiempos difíciles.
Así como aquel pato, no estamos destinados a transitar por la vida en soledad. Necesitamos de los demás. Piense en alguien con quien le gustaría compartir más momentos, y dé el primer paso hoy. Invítele a tomar un café, haga una llamada o simplemente envíele un mensaje. No espere a que alguien cruce su camino; séa usted quien se acerque y fortalezca esa conexión.