Cuando yo era niña, mis padres tenían una tienda y vivíamos primero en la parte de atrás y después en el segundo piso. Siempre había trabajo por hacer, y a mí generalmente me gustaba. Ya fuera poniendo precios a la mercancía, acomodando los estantes, atendiendo la caja registradora o incluso ayudando en el área de la carnicería, yo prefería mil veces trabajar en la tienda que cocinar o limpiar.
Mi mamá me preguntaba: «¿Prefieres ayudarme a preparar la cena o trabajar en la tienda?» o «¿Prefieres limpiar la casa o trabajar en la tienda?». A mí esas preguntas me parecían muy curiosas. ¡Por supuesto que siempre escogía la tienda!
Como resultado, nunca aprendí en casa a cocinar ni a mantener una casa como debía. Cuarenta años después de casada, puedo decir que aun no soy la mejor para limpiar o decorar una casa, ¡pero sí puedo cocinar! Cuando criamos a nuestros seis hijos, uno de mis mayores objetivos fue prepararlos para la vida adulta con habilidades prácticas. Como yo misma fui aprendiendo muchas de ellas en el camino, el proceso no siempre fue sencillo. Sin embargo, hay algunas cosas que considero que nos ayudaron.
When we raised our six kids, one of my biggest goals was to send them into adulthood with life skills. Since I was learning many of them myself, it wasn’t always easy. Here are a few things that helped.
Dar el ejemplo. Nuestros hijos aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. No necesitamos ser perfectos, pero sí ser honestos respecto a nuestras propias áreas de crecimiento. Decir: “Aprendamos esto juntos” puede tener un gran impacto.
Supervisar lo que esperamos. Yo colocaba pequeñas notas dentro de los gabinetes que decían: “El baño está limpio cuando…” o “La cocina está limpia cuando…”, seguidas de una lista de lo que debía hacerse. No me preocupaba tanto el orden en que lo hicieran, sino que el trabajo realmente quedara terminado.
Darles libertad para crear. Cuando mi hijo Miguel aprendió lo básico para cocinar, prefirió crear sus propias recetas en lugar de seguir las mías. Era divertido verlo oler las especias y decidir cuáles combinar. Preparó comidas realmente deliciosas.
Confiar en ellos. Cuando hacemos todo por nuestros hijos porque es más rápido o porque queremos que las cosas se hagan exactamente a nuestra manera, sin darnos cuenta les comunicamos que no creemos que sean capaces. En cambio, cuando confiamos en ellos, fortalecemos su confianza, su sentido de responsabilidad y su seguridad personal.
Seguimos aprendiendo y, sin duda, hemos cometido errores. Pero tanto nuestros aciertos como nuestras equivocaciones nos han dejado valiosas lecciones.
Si le gustaría recibir una lista de las habilidades para la vida que considero importantes que nuestros hijos aprendan, junto con lo que hicimos (y lo que hoy haríamos de manera diferente), envíeme un mensaje de texto al 847-637-3073 con las palabras “habilidades para la vida” y su correo electrónico. Con mucho gusto se la haré llegar.