Lucas 8:26-39
La sanidad de un hombre poseído por demonios. Esta es una historia muy cercana y querida para mí. Como familia que tiene a varias personas que sufren de depresión, muchas veces he encontrado similitudes entre este hombre poseído y los sentimientos que algunos de mis familiares han expresado al vivir con depresión.
Aunque la depresión es un ejemplo muy visible, hay muchas otras cosas que nos atan. El trauma, el miedo, la enfermedad, la opresión, las crisis financieras; hay tantos escenarios en los que podemos sentirnos muy parecidos a este hombre.
Este hombre había experimentado vergüenza, vergüenza, desnudo, encadenado, viviendo afuera.
Había experimentado esclavitud, con guardias vigilándolo y atado con cadenas.
Soledad en la oscuridad, siendo “llevado a lugares solitarios”.
Impotencia, a merced de los demonios. Nadie podía ayudarlo. Ni siquiera aquellos que más lo amaban.
Miedo,sin saber qué haría después ese espíritu maligno sin conciencia, sin compasión.
I have sometimes felt the feeling that no one could help me. I have felt hopelessness, fear, a heaviness in my heart when we were about to go through something very difficult with no way out. Many times.
While pain is pain, I read this story and it takes me to a whole other level. Completely bonded, completely powerless, with no sight of relief.
Even the ones who love him most are not coming to help him. His parents, his siblings, his friends… Because they can’t. Because they’ve tried.
¿Qué se sentiría, como madre, irse a dormir sabiendo que su hijo estaba allá afuera, en el frío y la lluvia, asustado y sin esperanza? Su pequeño, en manos de un monstruo.
Aunque no puedo identificarme con esa situación específica, sí puedo identificarme con ese sentimiento de impotencia como madre. Demasiadas veces, en realidad.
Besides the demon-possessed man, I bet his mom was the next most grateful that Jesus had told his disciples, “Let’s go over to the other side of the lake.”
No quiero ignorar lo obvio. No sé por qué Dios libera a algunas personas de aquello que las oprime y a otras no. No soy teóloga ni experta, pero tampoco me impresiona quien afirma saberlo todo acerca de Dios, así que no creo que eso haría mucha diferencia.
A pesar de las preguntas sin respuesta, sí tengo esperanza. Como alguien que cree que Dios nos ama con un amor eterno, más allá de lo que podemos imaginar, confío en Él. Confío en que me dará la sabiduría y el entendimiento que necesito para responder a cualquier situación en la que me encuentre. Confío en que Él hará lo que solo Él puede hacer. Y confío en que Él sabe lo que es mejor.
Creo que eso es lo más difícil de seguir a Cristo: que me esfuerzo por seguirle porque no conozco el camino, no porque crea saber a dónde va.