Arturo y yo tratamos de ir al gimnasio dos o tres veces a la semana. No se porque, pero cada vez que entro al vestuario, me topo con las mismas dos mujeres que están platicando. Lo interesante es que solo una de ellas está hablando todo el rato que están allí. La otra solo responde como quien está confirmando que sigue escuchando. Esto me lleva a pensar la importancia de una habilidad muy importante que debemos practicar todos. El arte de escuchar y no solo hablar.
Esta habilidad no solo es importante para adultos, sino también es importante enseñarle a nuestros hijos. La hora de la cena es un tiempo excelente para enseñar esta habilidad. Damos oportunidad a que todos compartan cómo les fue en el día, hacemos preguntas, mostramos interés, y seguimos a la siguiente persona. Corregimos suavemente si alguien interrumpe y enseñamos con nuestro ejemplo la necesidad de respetar a la persona que está hablando sin importar su edad. Entre más lo practicamos, más natural se nos hará.
La amistad requiere una conversación mutua. Compartimos y dejamos que la otra persona comparta también lo haga. Imagínese el impacto que esta habilidad puede tener en cada relación. Con amistades, en el matrimonio, con los hijos, con los compañeros de trabajo, etc. Uno de los regalos más grandes que nos podemos dar los unos a los otros es no solo hablar, sino tomar el tiempo para realmente escuchar.