La magia de empezar

Todo empezó con el columpio en nuestra yarda. Parecía una tarea insuperable, pero llevaba mucho tiempo deseando contratar a alguien que lo arreglara. Parte de la madera estaba rota, necesitaba pintura, algunas piezas debían reemplazarse; ni siquiera sabía si tenía sentido repararlo, pero decidí intentarlo de todas maneras. Confesión: habían pasado años desde la última vez que hacía alguna remodelación, reparación o compra para nuestra casa. Siempre estamos ocupados, y la sola idea de iniciar proyectos domésticos me resultaba abrumadora. Cuanto más demoramos, más proyectos se añadían a la lista. Pero una vez que levanté el teléfono para pedir un presupuesto, todo empezó a encadenarse y… ¡el columpio quedó arreglado! Resultó que esa persona nos dio también un buen presupuesto para el deck, y luego encontramos a otras personas que nos ofrecieron buenos precios para diferentes arreglos en casa. Hemos avanzado más de lo que jamás hubiera imaginado. Todo porque hice esa primera llamada.

Muchas cosas funcionan así. ¿No está segura de dónde trabajar? Comience a llenar solicitudes. ¿No sabe cuánto debe? Empiece a abrir las facturas. Todo comienza con el primer paso. Ese primer paso puede parecer abrumador. Como usted sabe, Arturo y yo somos agentes de bienes raíces. Recibimos llamadas constantemente de personas que desean comprar su primera vivienda. Se entusiasman, se sienten esperanzados/as, incluso pueden visualizarlo que es posible. ¿Sabe dónde se estancan muchos de ellos? En enviar al/a la prestamista la documentación para la precalificación. La idea de reunir todos sus documentos financieros parece demasiado pesada. Pero si logran superarlo y envían todo, son recompensados con respuestas. Si califican, ¡magnífico! Les ayudamos a encontrar su hogar. Si no, los acompañamos en diseñar un plan para que puedan calificar después. Lo importante es recordar que, si nunca da ese primer paso, no sabrá lo que puede hacer a continuación ni qué es realmente posible.

Dar el primer paso es cómo desenredar una bola de hilo de tejer. Encuentra la punta y comienza a jalarla. Aunque aún no ve el centro, cada tirón le acerca a él. Cada paso que da le acerca más a donde desea estar. Las puertas empiezan a abrirse justo cuando se acerca a ellas. Pero primero, hay que dar el primer paso. Allí está la magia de empezar.

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