Una de las habilidades más valiosas que podemos desarrollar como adultas no es solo la de dar consejos, sino aprender cuándo recibirlos y cuándo dejarlos pasar.
Vivimos en un mundo lleno de opiniones. Desde las redes sociales hasta las reuniones familiares, parece que todos tienen algo que decir sobre cómo debería vivir, criar a sus hijos, gastar su dinero o construir su carrera. Y aunque muchas personas tienen buenas intenciones, no todos los consejos son útiles —o saludables— para su etapa de vida actual.
Aceptar un consejo requiere discernimiento. Antes de recibir la opinión de alguien, deténgase un momento y pregúntese: ¿Vive esta persona según los valores que admiro? ¿Ha logrado los resultados que yo busco? ¿Tiene el contexto necesario para comprender mi situación? La sabiduría no proviene solo de la edad, sino de la coherencia: de alguien cuyas palabras reflejan la vida que realmente vive.
Por ejemplo, si usted está haciendo crecer un negocio, los consejos de alguien que nunca ha asumido un riesgo o dirigido un equipo quizás no le sean de gran utilidad. Del mismo modo, si está trabajando en su matrimonio o criando adolescentes, las sugerencias de alguien que no ha pasado por esa etapa con humildad y gracia pueden sonar bien, pero quizá no se ajusten a su realidad.
Ahora bien, a veces el consejo que menos queremos escuchar es precisamente el que más necesitamos. El crecimiento requiere humildad. Cuando la retroalimentación proviene de alguien que le ama, que ha ganado su confianza y que puede ver un punto ciego que usted no alcanza a notar, vale la pena escuchar—especialmente si sus palabras le desafían en lugar de halagarle.
Entonces, ¿cómo encontrar el equilibrio?
1. Escuche con curiosidad, no con defensa. No se puede aprender de aquello que se rechaza de inmediato.
2. Filtre todo a través de sus valores. Si no está alineado con su propósito o principios, déjelo ir.
3. Busque consejeros, no audiencias. Las personas adecuadas no le dirán lo que quiere oír, sino lo que necesita para mejorar.
Como coaches de familias, una de mis frases recurrentes es: “Puedo estar equivocada. Al final del día, compartiré mis pensamientos y regresaré a mi vida. Pero usted tendrá que vivir con las decisiones que tome; así que asegúrese de que estén alineadas con sus valores y con sus propias metas.” El consejo solo es útil si le acerca más a convertirse en la persona que desea ser.