Cuando miro mi mesa del comedor, veo toda una vida de historias. Compramos este juego de comedor cuando nació nuestro tercer hijo, Isaac (ahora tiene 31 años). En aquel entonces no lo sabíamos, pero nos estábamos preparando para llenar aquella mesa de ocho puestos.
Esta es la mesa en la que educamos en casa a nuestros hijos. Donde hemos celebrado cumpleaños, Acción de Gracias, la cena de Navidad y los desayunos de cada día. Aquí extendí el manuscrito de mi libro sobre educación en el hogar, y aquí también colocamos nuestras fotografías favoritas para exhibirlas durante los funerales de mis padres. Esta mesa ha estado en cuatro hogares diferentes, asegurándose de que lo esencial continúe, sin importar dónde estemos.
Hubo algunas ocasiones en las que pensé que estábamos llegando al final de la vida útil de esta mesa y sus sillas. Una vez, cuando nos mudábamos, pensé en deshacerme de las sillas porque estaban muy inestables. Pero un buen amigo me dijo que podía repararlas, ¡y lo hizo! Las ocho!
En otra ocasión, durante la pandemia de COVID, las marcas y la hinchazón causadas por la humedad eran tan graves que decidí lijar la mesa, sabiendo que, si no funcionaba, de todos modos pensaba deshacerme de ella. ¡Funcionó! Y aquí sigue.
Tal vez eso es lo que más amo de esta mesa. En realidad, nunca se ha tratado de la mesa. Se ha tratado de quiénes se sentaban alrededor de ella. Ha sostenido pequeñas manos aprendiendo a escribir, adolescentes haciendo sus tareas, discusiones familiares, risas, lágrimas, oraciones, celebraciones y conversaciones que estoy segura de que hace mucho tiempo olvidamos… pero, de alguna manera, la mesa las recuerda.
Creo que los hogares son así. Podemos mirar un mueble, un rasguño en la pared o una marca en una puerta y pensar que es algo que necesita ser reemplazado. Pero algunas veces, esas imperfecciones son recordatorios de una vida bien vivida. Nos cuentan que allí hubo personas, que los niños crecieron, que se compartieron comidas y que se crearon recuerdos.
Hoy en día, nuestra mesa del comedor sirve como espacio de trabajo la mayor parte del tiempo, mientras Arturo y yo vivimos esta etapa de nuestro nido vacío. Pero en unas semanas celebraremos el cumpleaños de nuestra nieta, y una vez más la mesa hará aquello que mejor sabe hacer: asegurarse de que todos tengan un lugar en ella para celebrar una vez más.