Mi papá nació en Cerritos, San Luis Potosí, un pequeño pueblo donde su madre soltera crió a seis hijos. Dejó la escuela a temprana edad para trabajar y ayudar a sostener a su familia. Por las historias que nos contaba durante nuestra infancia, dos cosas siempre quedaban claras: no quería trabajar para nadie más y ningún negocio que emprendiera le resultaba suficiente por mucho tiempo. Se aburría con facilidad y rápidamente pasaba a la siguiente idea. En México, inició un cine ambulante, probó distintos negocios de ventas e incluso fue dueño de uno o dos taxis, los cuales dejó a cargo de su hermano cuando emigró a Estados Unidos.
Comenzar de nuevo en este país fue mucho más difícil. No conocía el sistema ni el idioma y, aun así, se sentía profundamente insatisfecho trabajando para otros y viviendo de alquiler. Para entonces ya tenía esposa y dos hijos pequeños, y sabía que ni la renta ni el empleo tradicional representaban el futuro que deseaba.
Entonces surgió una oportunidad que cambiaría su vida. En nuestro vecindario se puso a la venta un edificio con una tienda de abarrotes en la planta baja. Después de más de veinte años de arduo trabajo en Estados Unidos, mi papá había logrado ahorrar lo suficiente para comprarlo en efectivo: 40,000 dólares. Nos mudamos a ese edificio cuando yo tenía cinco años, y años más tarde me preparé para mi boda en ese mismo lugar.
No fue hasta hace unos años que me puse a pensar lo que todo eso habrá significado para mi papá. El valor que se requirió para que un inmigrante, que comenzó sin nada en Chicago, invirtiera todos sus ahorros en un negocio que no conocía. Al pensar en las oportunidades y recursos de los que dispongo hoy, y en cuántas veces el miedo o la falta de información me hacen dudar, no puedo evitar sentir humildad.
Mi papá fue una persona ambiciosa. Aun sin contar con toda la información, sin conocer el sistema, sin tener educación acerca del negocio, se atrevió a actuar. Esa decisión permitió que nuestra familia no solo sobreviviera, sino que prosperara, y también apoyó a nuestra familia extendida. Si hubiera esperado a tener certeza absoluta, quizá nunca habría descubierto de lo que era capaz. Y todavía hubiera podido hacer más, si hubiera tenido la educación o el entendimiento del sistema necesario para invertir, para comprar más propiedades, para proteger su retiro. Porque tenía la mentalidad correcta.
La mentalidad determina nuestras decisiones. Puede paralizarnos por miedo o impulsarnos a la acción. Mi papá tenía alrededor de 48 años cuando compró su primera casa donde encontró el negocio que tendría durante más de treinta años Un negocio donde él era rey. Donde platicaba con los clientes y se divirtia en lo que le gustaba hacer. Y todo comenzó cuando mi papá compró una casa.