El Hábito por el cual tu Yo del Futuro te Agradecerá

Hace unos días escuché una definición de la palabra disciplina que me impresionó.

“La disciplina es priorizar las necesidades de tu yo futuro por encima de tu yo presente.” ~Chase Hughes

¡Qué gran definición! La razón por la que requiero disciplina es porque no hay ningún beneficio inmediato para mi yo presente. Ya sea hacer ejercicio, elegir mejor mis alimentos, lavar los platos o limpiar, todo ello requiere un deseo de tener un cuerpo saludable… más adelante. Platos limpios disponibles… más adelante. Una casa ordenada… más adelante.

Cuanto más conscientes seamos de la relación entre nuestras decisiones presentes y nuestro yo futuro, más fácil será practicar la disciplina. Pensar en la disciplina de esta manera la transforma de ser un castigo a convertirse en un empoderamiento. Ya no se trata de restricción; se trata de alineación. Cuando decide ahorrar dinero en lugar de gastarlo impulsivamente, no está privando a su yo presente —está dándole estabilidad y paz a su yo futuro. Cuando se esfuerza por hacer ejercicio, estudiar o desarrollar una habilidad, no solo está trabajando; está invirtiendo en una versión de si misma o mismo más fuerte, más sabia y más capaz.

Esta mentalidad también ayuda a romper el ciclo de culpa y frustración que con frecuencia rodea a la disciplina. En lugar de culparse por no estar “lo suficientemente motivada/o”, comienza a actuar con intención. Se detiene y pregunta: ¿A qué versión de mí estoy sirviendo en este momento? Esa sola pregunta puede cambiar por completo sus decisiones.

La verdadera disciplina se construye elección por elección. Es escoger la ensalada en lugar de las papas fritas cuando su salud futura importa más que el antojo del momento. Es poner la alarma más temprano porque la productividad de mañana valdrá más que unos minutos extra de pantalla esta noche. Es tener la conversación difícil, hacer el trabajo incómodo o atreverse a entrar en lo desconocido porque su yo futuro merece los beneficios de su valentía.

Con el tiempo, estas decisiones se acumulan. Los hábitos que construye hoy se convierten en el fundamento sobre el que se sostendrá su yo futuro. Cuanto más constantemente se presente para esa persona, más confianza construye en sí misma/o—y más comienza su vida a reflejar las intenciones que ha estado sembrando.

En última instancia, la disciplina es un acto de amor propio. Es elegir lo duradero por encima de lo temporal, lo significativo por encima de lo fácil, y a la persona que deseas llegar a ser por encima del momento en el que te encuentras. Y cada vez que eliges a tu yo futuro, escribes una mejor historia… decisión tras decisión.

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